LIBRES PARA APRENDER

Octubre ha sido el mes internacional de las bibliotecas. A todas ellas queremos homenajearlas, en especial a las bibliotecas escolares del país. Estas queridas instituciones, donde tantos niños y jóvenes han encontrado un espacio vital para enriquecerse con lecturas, seguramente marcaron emociones, creatividad, talentos y propósitos en su vida adulta.

Nacieron como espacios alfabetizadores y de lectura en las primeras escuelas: un aula especialmente designada para la biblioteca. De allí crecieron y pasaron a formar parte de las construcciones educativas y de las propuestas pedagógicas, en diferentes estilos y edificios.

En el presente enfrentan un cambio radical para estar a tono con modelos educativos autónomos y dinámicos, atravesados por la tecnología y la inteligencia artificial.

En el siglo XIX, el espíritu sarmientino fertilizó todo nuestro país con salas de lectura en las escuelas, creando como faro irradiador a la Biblioteca Nacional de Maestros. Desde entonces, esta institución ha promovido la formación de bibliotecarios como mentores de la alfabetización, el uso de las tecnologías digitales y el desarrollo de su expertise en el inspirador rol de fomentar hábitos de lectura duraderos.

En el año 2014, con la coordinación de la BNM, se promulgó la Ley 26.917, que crea el Sistema Nacional de Bibliotecas Escolares (BERA), cuya letra impulsa la generación de programas jurisdiccionales que apoyen su modernización integral.

La transformación de su rol histórico —de centros de consulta de material bibliográfico a núcleos multifuncionales donde los nuevos soportes tecnológicos, digitales y la inteligencia artificial marcan el acceso a las fuentes globales del saber humano— representa un cambio revolucionario.

Esta evolución demanda una reevaluación de los diseños y servicios de las bibliotecas escolares existentes, para asegurar que puedan estar a la altura de las necesidades dinámicas de nuestros educadores y alumnos actuales.

La incorporación de tecnología de punta, mobiliario adaptable y elementos creativos que fomenten la concentración son claves para construir espacios renovados, que además de sus colecciones impresas, integren zonas de aprendizaje, maker spaces, impresoras 3D y áreas tecnológicas diseñadas para diversos estilos de aprendizaje y el desarrollo de habilidades digitales.

Acompañando y aportando al cambio de paradigma que debe emprender la escuela misma, es importante destacar que su tarea puede extenderse y contribuir a la inclusión de la lectura y la tecnología en las comunidades más vulnerables, potenciando las inversiones que ya se realizan por alumno y extendiendo su impacto al entorno familiar.

Los bibliotecarios escolares acompañan estas rutas con sus competencias especializadas en distintas disciplinas. Tienen la oportunidad de aprovechar la mayor libertad y creatividad que ofrecen sus espacios a la hora de generar proyectos complementarios y autónomos en cada escuela, empoderando a los alumnos como pequeños y grandes investigadores.

Es hora de que los paisajes y las inversiones de la educación moderna las convoquen a convertirse en espacios vibrantes y multifuncionales, que promuevan el trabajo intelectual colaborativo, la creatividad y el acceso digital en la escuela.

Que los bibliotecarios escolares tengan un lugar central en el aporte de nuevas prácticas para gestionar la lectura y la información.

Y que los alumnos, en su diversidad al aprender, se vean empoderados por estos entornos para elegir y buscar las lecturas y los recursos que les resulten significativos, formar sus opiniones individuales y desarrollar las herramientas para construir su propio pensamiento crítico y autónomo.