Más allá de los relevamientos y evaluaciones que definen el potencial del capital humano, existen instancias localizadas con índices específicos que miden los ambientes de aprendizaje. Constituyen los campos de siembra y cosecha de la educación. Son los espacios que provocan y sostienen el progreso de cada niño desde su ingreso hasta su graduación.
La evidencia de la investigación científica y de la práctica escolar muestra que el ambiente de aprendizaje tiene el potencial para influir sobre los logros académicos de los alumnos. Los nuevos modelos educativos se basan en la creación de ambientes de aprendizaje innovadores, creativos y centrados en alumnos que devendrán en personas autónomas. Muchos docentes enseñan con prácticas tradicionales y discursivas. Estas prácticas han llevado a una escasa participación del alumnado, resultando por ende en un desempeño por debajo de los estándares.
Un índice de evaluación de ambientes de aprendizaje no está definido como una única herramienta universal de medición, sino que más bien son varios instrumentos o estructuras que permiten medir los factores que contribuyen a las experiencias educativas positivas. Hay muchas herramientas estandarizadas que permiten evaluar los distintos tipos y niveles de escuelas, con listas de variables a chequear: emocionales y pedagógicas, académicas, físicas y sociales. Son índices diseñados para relevar la calidad de los ambientes mencionados, que permiten generar estudios comparativos.
Existen muchos países que han podido desarrollar ambientes educativos exitosos cuyas evaluaciones han generado índices de calidad y oportunidad. Calidad por los resultados en los aprendizajes. Oportunidad por las capacidades que desarrolla el alumno para continuar su trayecto de vida hacia el futuro. Entre ellos se pueden mencionar a Suecia, Suiza, Australia, Canadá, Dinamarca, Francia, Holanda, Alemania, Estados Unidos, Singapur y Gran Bretaña: naciones con sistemas educativos que se focalizan en la calidad de la enseñanza, la conveniencia de la inversión, la innovación y los ambientes de aprendizaje centrados en los alumnos.
Diversos factores se encuentran en los índices que miden los ambientes de aprendizaje: los escenarios, la calidad de la enseñanza a través de la efectividad del rol del docente y los contenidos, la accesibilidad de recursos financieros, la innovación por la incorporación de nuevas tecnologías y métodos de enseñanza modernos. Asimismo, ponen la lupa en la flexibilidad y adaptabilidad de los programas educativos para poder manejar la diversidad de las necesidades de los alumnos, las oportunidades para el aprendizaje continuo y el desarrollo de habilidades permanentes, además del bienestar general, la felicidad y las buenas condiciones de vida para los estudiantes.
Los índices que sondean el ambiente de aprendizaje dentro de las mismas aulas son los más sutiles. Captan los hilos intangibles de la interacción docente-alumno. Son los que pueden mostrar las actitudes positivas de los docentes, su movimiento, su mirada, su voz. Son los que pueden denotar las partículas de comodidad y felicidad en donde se mueve el alumno, o percibir el temor, la vergüenza o la inhibición ante una respuesta incorrecta. Todos velan por la seguridad emocional y la singularidad del alumno.
Estos índices deberían considerar las vulnerabilidades de base que presentan los alumnos, así como también la formación, experiencia y trayectoria integral del docente: el gran inspirador y orquestador de los ambientes mentales, de los resultados sorprendentes, líder y socio del trabajo colaborativo, prestidigitador de emociones y contenidos, y experto en la solución de problemas.